jueves, 19 de marzo de 2015

                                CORRUPCIÓN DE MENORES Y PORNOGRAFÍA INFANTIL 

La corrupción de menores y la pornografía infantil deben ser consideradas desde dos puntos de vista: el que contempla al menor como víctima y el que lo analiza como victimario. Estamos en presencia de la pérdida de valores morales provocada por la construcción de la globalización sin sentido. La juventud es considerada como mercancía. El neoliberalismo obliga a comprar y vender cuerpos y almas, entre ellos los de los niños y jóvenes, como un producto cotizado con mayor intensidad y mejor precio.

En este ámbito es preciso considerar los mercados, el hogar, el entorno social inmediato, el ámbito escolar, los grupos delincuenciales y los medios de comunicación masiva. De antaño sabemos que el hogar-miseria, sea este económico o moral, ha fomentado la creación de víctimas infantiles y juveniles que, luego, serán pasto para las instituciones de tratamiento penal, sin esperanza de rehabilitación alguna, por la situación criminógena que en ellas prevalece. Los hogares anómalos, en sus múltiples variantes, inducen a los menores a cometer actos ilícitos. 

 En estudios estadísticos recientes se ha encontrado que es en el hogar donde se cometen con más frecuencia los actos de corrupción, que son el cimiento firme para una vida con problemas que van desde la enfermedad mental hasta las conductas parasociales como puede ser la prostitución infantil, y la delincuencia. Los hogares desorganizados o disfuncionales suelen imponer comportamientos y obligaciones prematuras, que debieran ser ajenos a los menores.

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